Las cosas que nos interesan y apasionan cambian con el tiempo, es el orden natural de las cosas, la única forma de dejar espacio en nuestra vida para que entren cosas nuevas es dejando otras atrás. Sin embargo, todos recordamos cosas que “solíamos hacer” disfrutando de aquel tiempo, y ahora nos preguntamos amargamente “¿por qué no seguimos haciéndolo, y pasándolo bien con ello?”.
Durante años he tenido un hobby con el que he disfrutado. Podía pasarme días sin salir de casa, dedicando todo mi tiempo y energía a ello desde que me levantaba hasta que me acostaba. He pasado muy buenos momentos, disfrutaba con pequeños logros que me llenaban de orgullo (incluso aunque nadie más era capaz de apreciarlo). También era importante era el poder discutir sobre ello con amigos, e iniciar proyectos comunes que sólo duraban un día (luego se nos olvidaba). Este tipo de actividad también te permitía entablar relación con cualquier desconocido que compartiese tu mismo interés. El hobby de que se trata carece aquí de importancia, la experiencia que yo he vivido puede aplicarse a miles de otras cosas, en personas, lugares y tiempos diferentes los míos.
Por desgracia, estoy atravesando un largo periodo de frustración con respecto a mi afición. No le dedico tanto tiempo como quisiera, y el poco de que dispongo tengo que dedicarlo al “lado aburrido” del asunto para que no se paralice por completo.
Es importante decidir bien a qué parte de mi afición dedico mi tiempo, si sólo me centro en la “parte divertida” nunca lograré llegar a hacer cosas realmente interesantes. El marcarme metas más ambiciosas me obliga a afrontar nuevos retos y me empuja a aprender nuevas cosas. Sin embargo, las metas ambiciosas también conllevan una importante carga de tareas menos agradables y que si son demasiadas pueden hacerte perder el interés por la actividad. Las cosas funcionan bien mientras vas cumpliendo tus metas y mantienes el lado aburrido “bajo control”, sin embargo, al dedicarle menos tiempo la parte aburrida empieza a pesar demasiado. Dicho de otra manera, si trato de alcanzar mis metas demasiado rápido, porque no dispongo de suficiente tiempo, el hobby pierde todo su encanto.
También echo de menos el hablar (y discutir) con alguien sobre distintos aspectos de mi afición. La gente cambia, emigra a otros lugares para ganarse el pan, y ninguna de las personas que he encontrado en mi camino durante estos últimos años comparte mi afición. En mi caso, el lado social del hobby no es el aspecto más importante, pero en mi situación actual en la que las cosas van cuesta abajo, esto sin duda incrementa el peso de caída.